La lenta y dolorosa agonía de Sánchez

La lenta y dolorosa agonía de Sánchez

La corrupción ha sido una regla en el gobierno socialista de España en cabeza del oscuro Pedro Sánchez Pérez-Castejón quien logró renovar su permanencia al frente del Ejecutivo gracias a una alianza con los sectores más cuestionados de la política española. 

El PSOE perdió las elecciones generales celebradas el 23 de julio de 2023. No obstante, Sánchez hizo un triple salto mortal para asegurarse cuatro años más como huésped del palacio de la Moncloa. 

Puso a su hombre de confianza, Santos Cerdán –un operador político habilidoso que pasó de maestro de obra a ocupar el segundo cargo más importante del PSOE–, a negociar con el brazo político de la banda terrorista ETA y con el partido xenófobo catalán liderado por el golpista y prófugo de la justicia Carles Puigdemont. 

El precio fue elevadísimo: nada menos que la integridad de la democracia española. Para contar con el poyo parlamentario de Puigdemont fue necesario sacar adelante una ley de amnistía con la que se borraron de plano todos los delitos cometidos durante el brutal episodio independentista que se vivió en Cataluña en el año 2017. 

Lo cierto es que, desde que renovó su mandato, Sánchez ha derramado lágrimas de sangre. Los escándalos han sido permanentes. A finales de 2023, se conoció que su esposa Begoña se había valido de su condición para favorecer negocios multimillonarios, y el desembolso de una gruesa suma de dinero a favor de la aerolínea Air Europa con fondos públicos destinados para el rescate de las empresas perjudicadas por el Covid-19. Un evidente caso de tráfico de influencias. 

Los problemas familiares no terminaron con las andanzas de Begoña. El hermano de Sánchez, un director de música sin fama ni talento, resultó favorecido con lo que en Colombia se conoce coloquialmente como una «corbata». La comunidad autónoma de Badajoz lo contrató para que impartiera lecciones musicales y dirigiera a la filarmónica de la región. 

El privilegiado hermano jamás trabajó. Nunca estuvo en el sitio en el que supuestamente quedaba su oficina y, como es natural, no hizo ni una sola presentación artística. 

Pedro Sánchez logró convertirse en el hombre más poderoso del PSOE con el apoyo de tres aliados con los que recorrió a España de punta a punta: Jorge Luis Ábalos –conocido por su íntima cercanía con bandas terroristas colombianas–, el mencionado Santos Cerdán y Koldo García, un tipo rústico que antes de pasar a la política ejercía como portero de un burdel en la hermosa ciudad de Pamplona, capital de la comunidad foral de Navarra. 

Llegó al poder en junio de 2018, luego de derrocar a Mariano Rajoy por medio de una moción de censura. La primera decisión consistió en nombrar a Ábalos al frente del ministerio de Fomento y Transportes, la cartera que más presupuesto maneja en España puesto que es la encargada de construir y mantener, entre otras, la infraestructura de transporte terrestre, marítimo, aéreo y ferroviario. Un botín muy apetecible que, como exigen las circunstancias, debe ser administrado por una persona intachable. 

Ábalos es todo lo contrario. Es un hampón de alta escuela, curtido en las prácticas más sórdidas del poder. Para perfeccionar sus negocios ilegales, nombró a Koldo García como su hombre de confianza en el ministerio. 

Y arrancaron los chanchullos. Cobros de comisiones, favorecimientos, movimientos de millones de euros en efectivo y apertura de cuentas bancarias discretas en República Dominicana. 

Se ha conocido que además de ladrón, Ábalos resultó ser un depredador sexual. Cliente muy estimado por los proveedores de prostitutas en España, resolvió incluir en la nómina oficial a las meretrices con las que estableció relaciones de larga duración. 

Los españoles, con sus impuestos, sufragaban los servicios íntimos de las cortesanas que Ábalos incorporó a su corte personal. 

Los escándalos fueron sitiando a Sánchez implacablemente. Ahora está contra la pared. La justicia ordenó el encarcelamiento de Santos Cerdán. En menos de dos semanas, ese sujeto pasó de sentarse en el congreso de los diputados y de ostentar el cargo más poderoso dentro del PSOE, a ocupar una gélida y oscura celda en la prisión de Soto del Real, en las afueras de Madrid. 

Estos escándalos son la punta de un iceberg de corrupción que prueba que el partido socialista español es una mafia asquerosa que habla de inclusión, de progresismo, de igualdad, pero en realidad abusa del poder para llenar las alforjas de sus máximos dirigentes. 

Sánchez, como cualquier hampón, se aferra a su cargo. Desoye las voces que exigen su dimisión. Resiste como un obtuso, esperando un milagro que jamás llegará. 

Su agonía es lenta y supremamente dolorosa. Y sinceramente, merece experimentar todo ese sufrimiento. Él y los suyos le han causado un daño irreparable a la democracia española. 

@IrreverentesCol

Publicado: julio 2 de 2025