Como anillo al dedo le ha caído a Petro la revelación del audio en el que Álvaro Leyva habla de su remoción.
En sentido estricto, y sin ánimo de exculpar al indefendible Leyva Durán, en la grabación no se vislumbra ninguna alusión a un golpe de Estado. Lo que se oye es a un viejo fantasioso, planteando escenarios disparatados.
Leyva es lo que comúnmente se llama un «conspirador de chichería»: ha dedicado su vida entera a urdir tramoyas y artimañas, siempre del lado del mal y solo en contadas ocasiones dentro de la legalidad.
A él no lo inspiran altos sentimientos patrióticos cuando propone la salida de Petro. Ni está siendo sincero cuando escribe sus deshilvanadas y plúmbeas epístolas en las que se muestra escandalizado porque Petro sea un depravado y un asqueroso drogadicto.
La conducta degenerada de Petro era ampliamente conocida desde mucho antes de su elección presidencial. Cuando Leyva respaldó esa candidatura, sabía que estaba apoyando a un consumidor de cocaína que es incapaz de controlarse y de contener sus instintos.
Leyva pasó al ataque porque está ajustando cuentas. El billonario contrato de los pasaportes, además de costarle el puesto, dañó un negocio en el que su hijo Jorge tenía afincadas todas sus esperanzas.
A finales de los años 90 del siglo pasado, James Johnson sorprendió a los Estados Unidos, cuando se descubrió que estaba planeando un golpe de Estado contra el presidente Clinton.
Escribió un «manifiesto» en un cuaderno escolar, en el que además dibujó con crayones un plano de como él se imaginaba era el interior de la Casa Blanca y el Pentágono.
Para darle mayor credibilidad a su plan, empezó a autodenominarse como «el general supremo de la nueva América».
Para que un golpe pueda llegar a buen puerto se necesitan armas. Johnson llenó ese vacío rápidamente: compró una pistola de agua en Walmart que luego pintó de negro.
Llegó el día de la marcha triunfal desde Milwaukee, la ciudad de origen del golpista, hasta Washington. La travesía sería larga y extenuante, pues tomaría entre 25 y 30 días.
Johnson no tenía hombres a su disposición ni bajo su mando. Procedió a reclutar a un primo y a un amigo suyo que permanecía tomando cerveza en un bar de barrio.
Compró una bolsa de pan de molde, algunas botellas de agua, enfundó su pistolita y emprendió el viaje de la liberación. A las dos cuadras, los excursionistas fueron detenidos por la policía.
El caso era tan absurdo que rayaba en lo tierno. Los investigadores evidentemente descubrieron que tenían al frente suyo a un orate. Johnson fue liberado, sin cargos y remitido a tratamiento psiquiátrico.
Ese episodio, que es conocido como el «caso cup guy», hace parte de la historia cómica de los Estados Unidos.
Leyva, que escasamente pude mantenerse en pie, que está deteriorado mentalmente y podrido moralmente, no significa ninguna amenaza contra nada ni contra nadie. Es un simple viejo inofensivo. Es el «James Johnson» colombiano, con una diferencia. El americano no tenía amigos mafiosos, ni fue consejero de cabecera de grupos terroristas, como es el caso del exministro de Petro.
El audio de Leyva fue filtrado por el gobierno en el mejor momento posible. Le ha servido a Petro para desviar la atención, pare tender una cortina de humo y para no responder por las graves evidencias que han surgido en los últimos días, y que apuntan a que él sostuvo una reunión clandestina en Manta, Ecuador, con un peligroso capo del narcotráfico señalado de ser la persona que trazó el plan y puso en marcha la logística del atentado contra Miguel Uribe.
El encuentro entre los dos hampones –Petro y el mafioso– tuvo lugar dos semanas antes de esa cobarde acción.
Hay que decirlo sin eufemismos, ni cortesías: Petro instigó el crimen. El se encargó de calentar los ánimos contra Miguel. Él puso un punto de mira sobre la cabeza del brillante dirigente político que es visto por muchos como el aspirante presidencial con más posibilidades de ganar. Lo que corresponde aclarar en el término de la distancia es si Petro dio directamente la orden de matar al candidato uribista.
Publicado: julio 1 de 2025
