Cumplo un ciclo que marcó para siempre mi vida. Siempre, desde que estudié a Aristóteles en el colegio, he estado interesada por la política, ese noble oficio que se concentra en mantener en orden a las sociedades.

Deposité todas mis esperanzas en el Centro Democrático, colectividad que ayudé a forjar junto a millones de seguidores de las tesis del presidente Uribe. Hicimos partido desde la calle, oponiéndonos al todopoderoso Juan Manuel Santos, con todos los factores en contra. No nos amilanamos ante nada. La ‘mermelada’ circulaba a raudales. Los medios de comunicación, cuando no nos atacaban ferozmente, nos ridiculizaban. Nos crecimos como los toros de lidia que no se rinden ni se derrumban con el castigo. Dimos la más bella de las batallas democráticas. Nos presentamos en las elecciones de 2014 y nos convertimos en la segunda fuerza en el Congreso. Ahí estuve yo. Con el favor de mis coterráneos, llegué a la Cámara de Representantes por Antioquia. Di el salto desde el sector privado a la política activa. Sin experiencia ninguna, pero con unas convicciones firmes.

Asumí un compromiso maravilloso del que no me arrepentiré jamás: “hacer visibles a las víctimas del reclutamiento forzado”. El costo fue altísimo. Me gané el odio de los peores terroristas y de sus adalies que en La Habana hicieron hasta lo imposible por soslayar ese crimen de lesa humanidad y por el que todos los cabecillas de las Farc algún día tendrán que responder ante tribunales internacionales como lo están haciendo muchos criminales de guerra africanos. Llevo incrustado en mi corazón el cariño de miles de uribistas que me acompañaron, me aconsejaron, me dieron sus opiniones, que controvirtieron conmigo, que aportaron desinteresadamente para que la gestión de nuestro partido fuera cada vez mejor.

Aprendí del presidente Uribe que eso del diálogo ciudadano no puede ser letra muerta. Es necesario adelantarlo ininterrumpidamente, sin interés distinto que el de atender el sabio consejo y la inteligente opinión de los compatriotas.
No quiero hacer de esta una columna en la que enumere los proyectos que impulsé, ni las iniciativas que acompañé o lideré. Ese fue el trabajo que me delegaron mis electores y espero haberlo cumplido a cabalidad, sin defraudarlos un solo instante.

Habrá oportunidad futura para hablar sobre los logros de la gestión adelantada durante los dos periodos en los que tuve el honor de ocupar una curul en la Cámara de Representantes.

Ahora quiero concentrarme en el agradecimiento. A los conciudadanos que votaron por mi; Gracias a mi partido, a mis compañeros de bancada, al estupendo equipo de asesores y colaboradores que me apoyó, al presidente Uribe y a Jose Obdulio Gaviria por su sostén en todas las horas, a los ciudadanos comunes y corrientes que hicieron un alto en el camino para sentarse a conversar conmigo sobre el acontecer nacional.

Gracias también al presidente Duque por haber ejercido el gobierno con transparencia, con convicción; por haber liderado a Colombia en los momentos más difíciles sin perder la compostura y la serenidad. La historia inmediata calificará muy positivamente la obra de Duque a quien más temprano que tarde el país extrañará. De eso no tengo ninguna duda.

Escribo estas líneas pensando en mi familia. Mis hijas, que fueron un apoyo incondicional. Que con amor y desprendimiento entendieron mis largas ausencias de la casa. Nunca me lo reprocharon y siempre me acompañaron y enriquecieron la lucha democrática, culminada mi labor parlamentaria, tendremos oportunidad de recuperar el tiempo.

No me ausentaré de la vida pública. Continuaré activa en la acción política. Opinando, debatiendo y ejerciendo una firme oposición al gobierno que empezará el próximo 7 de agosto.

@MargaritaRepo

Publicado: julio 19 de 2022