Rene Guarín, de secuestrador del M-19 a Director Nacional de Inteligencia

Rene Guarín, de secuestrador del M-19 a Director Nacional de Inteligencia

Hay momentos en la historia de una nación en los que la realidad supera cualquier ejercicio de cinismo imaginable. El nombramiento de René Guarín Cortés como director de inteligencia en el gobierno de Gustavo Petro no es simplemente un giro político controversial: es la culminación de una reescritura sistemática de la historia que convierte a los perpetradores en víctimas y a los defensores del Estado en villanos.

Las loas a Guarín como “defensor de derechos humanos” chocan con la realidad: en 1988 fue capturado en un intento de secuestro del empresario Jorge Valencia Ángel, operación de  su célula urbana del M-19.

El modus operandi típico de esa época y tradicional de esa organización: disfrazado de agente del F-2, con placas falsas, interceptaron el vehículo de la víctima, lo sacaron a rastras  hacia el occidente de Bogotá y  en un retén policial hubo  intercambio de disparos muriendo uno de los cómplices de Guarín; así  quedo registrado en los periódicos de entonces aquel acto de terrorismo urbano, de esos que tantos pseudo-intelectuales progresistas llaman hoy  “lucha armada justa”.

Sin importar su prontuario criminal, la pieza central del relato victimista de René Guarín ha sido la figura de su hermana, Cristina del Pilar, convertida durante décadas en símbolo de la “desaparición forzada” atribuida exclusivamente a las Fuerzas Militares.

Sin embargo, la documentación judicial histórica muestra un cuadro mucho menos cómodo para el activismo de izquierda: todo indica que Cristina tenía roles de inteligencia dentro de la cafetería, un punto neurálgico para la logística del M-19 en la toma del Palacio de Justicia. El mismo Guarín en Noticias Uno afirmó absurdamente que el arma que encontraron junto al cadáver  de Cristina era “de un policía que la cortejaba y que siempre se la daba a guardar”, en la cafetería donde ella trabajaba en sus ratos libres mientras terminaba sus estudios de derecho en una universidad pública.

El hallazgo de sus restos, enterrados desde la misma semana de la toma en la tumba de otra víctima –María Isabel Ferrer–, derrumba la narrativa de que salió viva y fue retenida, torturada y desaparecida por los militares, relato que su propio hermano alimentó durante treinta años para sostener una causa política y económica.

La conclusión es brutal en su claridad: mientras una familia lloraba durante décadas a una mujer que nunca fue su hija, el exguerrillero Guarín construía sobre ese error forense un mito de desaparición que sirvió para perseguir a oficiales, justificar indemnizaciones millonarias y consolidar una versión oficial donde el M-19 casi desaparece de la escena del crimen.

Guarín, principal instigador del juicio contra el coronel Alfonso Plazas Vega, impulsó testigos falsos y declaraciones espurias. Uno de ellos (el “cabo Villamizar”) que resultó fantasma: con una firma falsificada y un relato traído de los cabellos de los  13 soldados de Granada, Meta, como si Bogotá no tuviera tropas suficientes en aquel entonces. La jueza Jara desechó testimonios idénticos por inconsistencias, pero validó este. Sin esa fábula, aquel proceso contra  Plazas Vega, mediante la curiosa figura penal de “autoría mediata” habría resultado insostenible.

Los hechos son claros, aunque hoy se intente oscurecerlos: el 6 de noviembre de 1985, el M-19 se tomó el Palacio de Justicia en un acto de terrorismo que dejó más de cien muertos, entre ellos once magistrados de la Corte Suprema de Justicia. Fue el M-19 —no el Ejército— quien inició el asalto, quien llevó rehenes, quien, con dineros de Pablo Escobar,  incendió expedientes vinculados al narcotráfico, quien convirtió la sede de la justicia colombiana en un campo de batalla.

Sin embargo, cuatro décadas después, la narrativa dominante ha logrado un giro orwelliano: hoy se habla de “desaparecidos” como si el Estado hubiese orquestado una operación de exterminio sistemático, y no una respuesta militar ante un acto terrorista en pleno desarrollo. Se intentó condenar al coronel Alfonso Plazas Vega  mientras se blanquearon las biografías de quienes detonaron la tragedia.

René Guarín encarna esta inversión moral. Durante años lideró la campaña judicial contra Plazas Vega, exigiendo condenas más severas, presionando para que fuera confinado en una cárcel común donde su vida correría peligro. Todo esto mientras ocultaba su propia militancia en el M-19 y su participación en actos criminales que quedaron impunes gracias a una amnistía que, en Colombia, suelen ser más generosas con los victimarios que rigurosas con la verdad.

Lo más inquietante no es solo su pasado, sino la construcción de su presente como “defensor de derechos humanos”. Es la misma estrategia que ha permitido a la izquierda radical colombiana apropiarse del lenguaje de las víctimas para blindar a sus propios perpetradores. Guarín no solo fue amnistiado: fue convertido en adalid de la memoria histórica, en fiscal moral del Estado que combatió a su organización terrorista.

El Tribunal Especial de Instrucción conformado tras los hechos del Palacio concluyó, con base en evidencia forense y testimonial directa, que el número de cadáveres no identificados correspondía exactamente con el de los llamados “desaparecidos”. Determinó que los empleados de la cafetería —incluida Cristina Guarín— fueron llevados al cuarto piso desde el inicio de la toma, donde perecieron. No hubo desapariciones forzadas: hubo víctimas de un acto terrorista y de un incendio provocado por los propios guerrilleros para destruir pruebas.

Pero esta verdad fue reemplazada por una narrativa alternativa construida con testigos fantasmas, pruebas falsas y reconocimientos en videos borrosos realizados por personas con un sesgo ideológico evidente. 

Esta no es solo una cuestión de nombramientos polémicos. Es la manifestación de un proyecto político más amplio: la legitimación retroactiva de la insurgencia armada a través de la deslegitimación del Estado y sus instituciones. El M-19 no solo fue amnistiado: fue mitificado. Sus crímenes fueron relativizados, sus víctimas olvidadas, y sus miembros reconvertidos en dirigentes políticos, académicos y ahora, en jefes de inteligencia.

Las Fuerzas Militares de Colombia, con todos sus errores y excesos históricos, fueron las únicas instituciones que se interpusieron entre el Estado de Derecho y el totalitarismo armado. Merecen crítica cuando fallan, pero también defensa cuando son calumniadas. El coronel Plazas Vega no es un criminal de lesa humanidad: es un militar que cumplió con su deber en circunstancias extremas, y que hoy paga el precio de haber derrotado a quienes ahora redactan su condena moral.

Lejos de marcar distancias, el gobierno ha convertido su pasado subversivo en mérito: el M-19 coloniza silenciosamente las áreas sensibles del poder, desde la seguridad presidencial hasta los servicios de inteligencia, como si el mensaje fuese claro: quienes alguna vez atacaron al Estado están hoy mejor calificados que quienes lo defendieron.

Mientras a los oficiales del Ejército se les exigen estándares casi angélicos –y se les persigue décadas después por decisiones tomadas en medio del fuego real–, a los viejos cuadros del M-19 se les otorga un cheque moral en blanco siempre que repitan las consignas correctas del progresismo.

Mientras la izquierda se da el lujo de exigir que los militares pidan perdón de rodillas por cada bala disparada en defensa del Estado, el país contempla impávido cómo un ex subversivo con antecedentes  de secuestro asume la jefatura de inteligencia sin siquiera enfrentar un escrutinio moral serio.

Defender a las Fuerzas Militares no significa negar errores, excesos o crímenes puntuales, sino recuperar una verdad elemental: sin ellas, el Palacio de Justicia no habría sido recuperado, simplemente habría sido sustituido por una asamblea revolucionaria que habría intentado juzgar a una democracia legitima. 

En esa balanza, el esfuerzo por salvar la República –por imperfecto que haya sido– pesa más que la épica tardía de un M-19 que hoy se presenta como movimiento democrático, mientras uno de sus antiguos cuadros administra los secretos del Estado desde un despacho alfombrado en Bogotá.

El nombramiento de Guarín no es un gesto de reconciliación: es una declaración de victoria. Es el Estado usurpado diciéndoles a las víctimas del terrorismo que sus verdugos no solo quedaron impunes, sino que ahora ocupan posiciones de poder desde las cuales pueden seguir reescribiendo la historia a su conveniencia.

Es el triunfo de una izquierda que aprendió a instrumentalizar el lenguaje de los derechos humanos para blindar a sus propios secuaces. Que convirtió el perdón en impunidad, la memoria en propaganda y la justicia en venganza selectiva.

La historia no se borra con amnistías ni se reescribe con sentencias amañadas. Los hechos permanecen: el M-19 tomó el Palacio de Justicia, asesinó magistrados, quemó expedientes y provocó una tragedia nacional. Que sus miembros hoy ocupen cargos de poder no cambia esa realidad. Solo demuestra que en Colombia, como en tantas otras sociedades que han perdido su autoestima civilizatoria, los verdugos terminan juzgando a sus víctimas.

Y nosotros, los que recordamos, tenemos el deber de no olvidar. Porque una nación que olvida su historia está condenada no solo a repetirla, sino a ser gobernada por quienes la falsifican.

Referencias

 Gustavo Petro designa a René Guarín en la Dirección https://elpais.com/america-colombia/2026-01-15/gustavo-petro-designa-a-rene-guarin-en-la-direccion-nacional-de-inteligencia-de-colombia.html

Palacio_de_justicia.pdf https://ppl-ai-file-upload.s3.amazonaws.com/web/direct-files/attachments/163928308/76d7c637-c784-4653-bd86-d895deea17f6/palacio_de_justicia.pdf

Falso detective: René Guarín, exM-19 y nuevo director de  https://www.elcolombiano.com/colombia/rene-guarin-historia-secuestro-m19-OG32617876

Demandan designación de René Guarín como director de https://www.infobae.com/colombia/2026/01/18/demandan-designacion-de-rene-guarin-como-director-de-la-direccion-nacional-de-inteligencia-piden-medidas-cautelares-urgentes/

 René Guarín, nuevo jefe de Inteligencia, fue capturado por https://www.agenciapi.co/noticia/politica/rene-guarin-nuevo-jefe-de-inteligencia-fue-capturado-por-intento-de-secuestro-en-1988

Desaparecidos de la Cafetería del Palacio de Justicia https://www.justiciaypazcolombia.com/desaparecidos-de-la-cafeteria-del-palacio-de-justicia/

 Los misterios sobre la muerte de Cristina Guarín Cortés https://www.hchr.org.co/noticias/los-misterios-sobre-la-muerte-de-cristina-guarin-cortes/

 Revelan que René Guarín, nuevo director de la DNI … https://www.elcolombiano.com/colombia/rene-guarin-habria-participado-secuestro-cuando-militaba-m-19-IH32603913