La democracia alemana fue muy estúpida en permitirnos llegar al poder desde adentro, J. Goebbels.
La fundación Margaret Thatcher, publicó una semblanza hacia abril del 2012: The Essential Margaret Thatcher, estadista y primera ministra del Reino Unido desde 1979 hasta 1990, siendo la persona en ese cargo por mayor tiempo durante el siglo XX y la primera mujer que ocupó este puesto en su país. Su firmeza para dirigir los asuntos de Estado, su estricto dominio sobre los ministros de su gabinete y su fuerte política monetarista le valieron el sobrenombre de «la Dama de Hierro».
Su política exterior junto con su convencimiento acérrimo de derrotar al comunismo fue su principal bandera teniendo en cuenta que todavía para el final de década del ochenta el imperio de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas – U.R.S.S – era predominante a pesar de su crisis interna no solamente política, sino económica.
La primavera de Praga en 1968, donde la brutal represión de los tanques rusos se sintió en toda Europa oriental apagó la flama de la libertad impulsada por diferentes líderes sociales y políticos de Checoslovaquia como Dubek, entregando muestras de desencanto con dicho modelo.
Thatcher fue, sin lugar a dudas, la principal líder europea que capitalizó ese desencanto no solo británico, sino europeo, estimulando las protestas en Polonia que terminan con la caída posterior del muro de Berlín hacia 1989.
Sin embargo, como lo plantea Agustín Laje en su texto: La batalla cultural: Reflexiones críticas para una Nueva Derecha (2022): El comunismo tenía que reinventarse en toda Latinoamérica a través de la construcción de lo que se conoce como el foro de Sao Pablo, una simple y habilidosa mutación del comunismo donde la miseria, escasez y represión son pan nuestro de cada día.
El académico español César Vidal explica claramente que cuando los alemanes acabaron con el Muro de Berlín, en 1989, no finalizó la pesadilla comunista; este sistema hizo una mutación. En Latinoamérica, esta mutación se llama “socialismo del siglo XXI”. El formato utilizado es muy sencillo. Apartarse de la lucha armada que no funcionó aprovechando el sistema electoral democrático con el objetivo de socavar al sistema institucional desde el interior de las mismas democracias.
Bien lo comentó Joseph Goebbels, que la democracia alemana fue muy estúpida en permitirnos llegar al poder desde adentro.
Por lo anterior, el principal objetivo de Colombia para el 2026 debe ser el de acabar con el comunismo, socialismo, carnívoro del siglo XXI en representación del desgobierno amoral, déspota, corrupto y delirante del señor del Petro caos y su banda de caníbales que actúan al acecho por el presupuesto nacional.
Si Colombia no quiere vivir lo que ha vivido Venezuela bajo el déspota régimen de Maduro y sus cómplices debe ubicarse en el lado correcto de la historia impidiendo la llegada del candidato Iván Cepeda a la casa de Nariño.
Ese, debe ser el principal objetivo político para el primer semestre del 2026 junto con un congreso admirable que permita la reconstrucción de una Colombia adolorida y angustiada en su tiempo presente por la falta de visión de su clase dirigente que prefiere seguir jugando políticamente correcto como la Cámara de Comercio colombo americana – AMCHAM – cuando llama a concertar diálogos “productivos” con el candidato Cepeda.
De lo contrario, si la clase dirigente política y empresarial colombiana sigue jugando políticamente correcto, Colombia vivirá las duras y las maduras.
Y, ya sabemos como terminó Maduro veinte años después de su llegada al poder.
Puntilla: ¿Será que nuestro amigo Jack Benedetti se entrega a la justicia americana?
