Se repite la historia, esa vez fue en la elección del presidente de los Estados Unidos de Colombia en el año de 1876.
Como los representantes de los estados federados no pudieron elegir un ganador para la presidencia, a pesar de que hubo fraude por parte de los amigos de uno de los candidatos, tuvo que definirlo el congreso, y este contra toda lógica y razón prefirió escoger al candidato Aquileo Parra.
Un liberal radical de extrema posición, que no había llegado a quinto de primaria y era un próspero vendedor de bocadillo Veleño al largo de los pueblos que convergen al rio Magdalena.
Y lo eligieron a él por no escoger al candidato de la costa atlántica, el cartagenero Rafael Núñez Moledo, quien pertenecía al partido liberal moderado y de posición no laicista y amigo de la iglesia católica, que venía de Inglaterra empapado del conocimiento y las enseñanzas de Herbert Spencer, un evolucionista social, seguidor de la teorías de Charles Darwin sobre la evolución y que fundamentalmente planteaba que el cambio es lo único que es constante, y que las instituciones tiene que evolucionar y no son rígidas ni de piedra.
El gobierno de Aquileo Parra, el vendedor de bocadillos, lo que nos dejo fue un país envuelto en sucesivas guerras fratricidas.
Los beneficios de recibir de nuevo a la iglesia católica cuando llego Núñez se disertarán en otro artículo por inconvenientes de espacio.
Pero sin duda la iglesia católica ha sido de gran ayuda. La iglesia es de las cosas buenas que le ha pasado a la nación y ha sido más útil para la formación de los colombianos que la psicología de Jung y Freud juntos.
Pues hoy se repite la historia, el partido único de Bogotá, el centralismo radical y recalcitrante no permite que el candidato Abelardo De la Espriella, un verdadero “outsider”, de la costa atlántica, exitoso empresario, que ha dejado su cómoda vida como Núñez para venir a restaurar la patria, muy preparado intelectualmente, muchísimo más que Aquileo Parra, para que el Bogocentrismo venga a oponerse, y se convierta en un movimiento incluso más peligroso que los comunistas.
Son tal vez estas personas del país andino más peligrosos que Cepeda y su camarilla de marxistas.
El favor que le hizo Núñez a la patria es invaluable, está muy bien ilustrado en las muchas biografías que de semejante personaje se han escrito.
Por eso se le llama “el padre de las instituciones”, restaurador, regenerador, pacificador, pero con la autoridad y el poder que da la ley, y que para bien de todos nos dejó una constitución que nos gobernó sabiamente por más de cien años.
