En la antesala de las elecciones legislativas y presidenciales de 2026, Colombia se acerca a un punto de quiebre civilizatorio. No exagero. No se trata solo de elegir al legislativo o al presidente: se trata de definir quién tiene derecho a nombrar la realidad, quién controla la verdad pública y quién ocupa los circuitos invisibles donde hoy se fabrica la voluntad política de un país.
No estamos frente a una campaña convencional, porque tampoco vivimos en un país convencional. La disputa electoral se librará en un terreno donde el ciudadano ya no es el protagonista, sino la data. Las plataformas digitales —con sus algoritmos impersonales y su lógica de estímulo-reacción— han capturado la soberanía emocional de la sociedad. Y sin comprender esta nueva ecología del poder, cualquier proyecto político está condenado a la irrelevancia.
En este punto, la obra del filósofo surcoreano Byung-Chul Han, más que un marco filosófico, resulta una herramienta útil para dar luces al presente.
En Infocracia, Han advierte que el exceso de información no nos hace más libres, sino más vulnerables. La saturación de datos enceguece; la avalancha de estímulos disuelve la verdad en un mar de ruido. En este mundo, quien controla la visibilidad controla la realidad. Y esa premisa se manifiesta con crudeza en la Colombia actual: un gobierno que repite narrativas oficiales hasta convertirlas en atmósfera; que utiliza sus canales de difusión con agresiva eficiencia; que ataca a la prensa independiente y trata toda crítica como si fuera una conspiración oligárquica.
No es un secreto que el petrismo entendió antes que muchos que la lucha por el poder ya no es ideológica: es algorítmica. Por eso las elecciones de 2026 no se disputarán en plazas, sino en plataformas. No en debates, sino en tendencias. No en deliberación pública, sino en arquitecturas digitales que deciden qué se amplifica y qué se entierra en el silencio.
Byung-Chul lo profundiza en Psicopolítica: el poder del siglo XXI no se impone, seduce. No prohíbe, estimula. No ordena, persuade emocionalmente. Y esa es exactamente la estrategia que hemos visto: un gobierno que gobierna desde el resentimiento, que convierte cada fallo en persecución, cada escándalo en heroísmo y cada crítica en “odio de clase”. No ofrece soluciones: ofrece indignación. Y en sociedades fatigadas, la indignación ocupa el lugar del pensamiento.
La obra, En el enjambre de Han, explica el problema con más precisión aún. La ciudadanía digital no es una comunidad: es un conjunto caótico de individuos aislados, reactivos, sin memoria y sin horizonte común. El enjambre no construye pueblo, solo produce ruido. Y un país que piensa como enjambre no puede deliberar; y sin deliberación, la democracia degenera en manipulación.
Es aquí donde siento la mayor preocupación por 2026. No ganará quien tenga mejor programa, sino quien sea capaz de reconstruir una democracia digital resistente al ruido algorítmico, la ira manipulada y la hiperestimulación permanente de la política convertida en espectáculo emocional.
Han advierte en La sociedad de la transparencia que la visibilidad total es, en apariencia, un ideal democrático; en la práctica, un dispositivo de control. Y en Colombia lo vemos cada día: transparencia selectiva para perseguir opositores, opacidad indulgente frente a los propios errores, moralización del escrutinio al contradictor y silencio disciplinado ante las grietas internas del régimen. La transparencia, sin instituciones fuertes, se convierte en teatro.
Y en Colombia, en un teatro cada vez más retorcido.
Además, vivimos en un país exhausto. La sociedad del cansancio de Han se refleja en nuestra vida cotidiana: crisis económica, inseguridad, polarización, escándalos interminables, instituciones erosionadas. Un país cansado es un país vulnerable a los salvadores de ocasión, a los discursos mesiánicos y a los relatos fáciles. La fatiga lleva a la resignación, y la resignación, al autoritarismo blando.
Por eso, mirar la campaña que se aproxima desde el prisma de Han no es un ejercicio académico: es un llamado a la lucidez. Y a la acción. Los desafíos esenciales están claros: El control de la visibilidad. La gestión emocional de la sociedad. La reconstrucción de un pueblo frente al enjambre digital. La defensa de la verdad en un ecosistema que premia el ruido. La restauración de la separación de poderes. Y la afirmación de valores conservadores y cristianos que todavía pueden servir como anclajes de sentido en medio del vacío espiritual de la era digital.
2026 será la prueba de si Colombia puede resistir la psicopolítica del poder digital y de si la centro-derecha tiene la inteligencia moral y estratégica para disputar no solo el poder institucional, sino también el poder invisible: el poder de significar, de narrar, de conmover, de orientar.
En esta época, no basta con tener razón. Hay que tener relato. Hay que tener presencia. Hay que tener claridad moral. Y, sobre todo, hay que tener la valentía de defender la república allí donde hoy se está librando la verdadera batalla: en los circuitos invisibles que deciden qué país vemos y cuál dejamos de ver.
Referencias Bibliográficas
Han, Byung-Chul. La sociedad del cansancio. Herder, 2012.
Han, Byung-Chul. La sociedad de la transparencia. Herder, 2013.
Han, Byung-Chul. En el enjambre. Herder, 2014.
Han, Byung-Chul. Topología de la violencia. Herder, 2011.
Han, Byung-Chul. Infocracia. Taurus, 2022.
Han, Byung-Chul. No-cosas: Quiebras del mundo de hoy. Taurus, 2021.
Han, Byung-Chul. Psicopolítica: neoliberalismo y nuevas técnicas de poder. Herder, 2014.
Emilio París Barrantes
