Petro hacia la «Lista Clinton»

Petro hacia la «Lista Clinton»

La llamada «Lista Clinton» nació en 1995 como un instrumento del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos para golpear el poder financiero del narcotráfico. Oficialmente se denomina Specially Designated Nationals and Blocked Persons List (SDN), y fue creada bajo la Ley de Designación de Narcotraficantes Extranjeros, aprobada en tiempos de Bill Clinton, de ahí su nombre popular. Quien entra en esa lista queda virtualmente expulsado del sistema financiero mundial: sus cuentas se congelan, sus bienes quedan bloqueados, y toda empresa o individuo que le preste servicios se expone a sanciones severas. Es, en pocas palabras, la muerte civil dentro del orden económico internacional.

A lo largo de los años, la lista ha servido de antesala a procesos judiciales, investigaciones internacionales y extradiciones. 

Ingresar a la lista no significa una condena formal, pero sí una sentencia práctica: marca a quienes Washington considera actores relevantes en el entramado del narcotráfico, el lavado de activos o la corrupción transnacional. En América Latina, los nombres más pesados del chavismo fueron apareciendo poco a poco. Ministros, militares, testaferros y figuras cercanas al poder en Caracas fueron incorporados con el tiempo, preparando el terreno para lo que luego se convertiría en un cerco judicial y diplomático. La Lista Clinton fue, en realidad, la primera piedra del aislamiento del régimen venezolano.

Todos, sin excepción, empezaron ingresando a la lista y terminaron con pedidos de extradición y recompensas por sus cabezas: Maduro entró a la lista en julio de 2017. Años después fue solicitado en extradición, fijando una recompensa de U$50 millones de dólares; Diosdado Cabello, en la lista desde 2018; hoy es requerido por la justicia americana que ofrece U$25 millones de dólares por su cabeza; Vladimir Padrino López, en la lista desde 2018. Se ofrecen U$25 millones de dólares para quien lo entregue a las autoridades judiciales. También, está el caso de Tarek El Aissami, U$10 millones de dólares de recompensa y en la Lista Clinton desde el 13 de febrero de 2017.  

Cuando Donald Trump, en su característico estilo sin filtros, señaló públicamente a Gustavo Petro como un aliado del narcotráfico, no solo pronunció una acusación política: trazó una línea simbólica entre la Casa de Nariño y el Palacio de Miraflores. La comparación no es gratuita. En los pasillos de Washington se habla de informes, de nombres, de un mapa de relaciones personales y financieras que se está consolidando. Lo que fue, en su momento, un listado de figuras chavistas en el radar del Tesoro norteamericano, parece tener ahora su espejo colombiano.

Según versiones que circulan en entornos de inteligencia y diplomacia, el gobierno estadounidense habría elaborado un inventario preliminar de más de un centenar de personas vinculadas política o familiarmente a Gustavo Petro. 

Entre las personas que estarían ad portas de entrar a la Lista hay altos funcionarios, operadores, antiguos embajadores y familiares del presidente de Colombia. Todos aparecen señalados en borradores de trabajo que podrían transformarse en futuras designaciones. La mención recurrente de Armando Benedetti —figura clave en la campaña y luego protagonista de escándalos que estremecieron al propio oficialismo— se repite en varias fuentes. El problema de Benedetti será aún mayor por cuenta de las indagaciones que se adelantan en contra de su anciano padre, sus hermanos -uno de ellos residente en los Estados Unidos, su esposa y hasta su suegra. 

La historia enseña que la Lista Clinton no se mueve por impulsos caprichosos: avanza cuando Washington considera que un gobierno cruza ciertas líneas de tolerancia. Si esas designaciones se concretan, Colombia podría verse ante una degradación diplomática sin precedentes, equiparable a la venezolana. 

En el instante en que un gobierno entra en el radar de sanciones de los Estados Unidos, deja de ser interlocutor y se convierte en sospechoso. Así comenzó el aislamiento del chavismo, y así está comenzando el del petrismo. 

No es prudente pasar por alto una realidad incontrovertible: en Washington, la sospecha, una vez escrita, nunca se borra. 

@IrreverentesCol

Publicado: octubre 20 de 2025