Hamas: Un Régimen del Terror en Palestina, apoyado por la izquierda global

Hamas: Un Régimen del Terror en Palestina, apoyado por la izquierda global

1.         Un Régimen de Oscuridad en la Franja de Gaza

La organización terrorista Hamas es el gobernante de facto de Gaza desde 2007, tras un violento golpe de estado contra la Autoridad Palestina. Su control se ejerce con puño de hierro, combinando represión brutal, ideología teocrática y un desprecio sistemático por los derechos humanos. Bajo su mandato, Gaza no ha avanzado hacia el desarrollo, sino hacia la glorificación de la guerra y el odio y ha convertido un territorio con potencial igual a Singapur, en un bastión de fanatismo, donde la vida humana —especialmente la de sus propios ciudadanos— es sacrificable en nombre de una jihad eterna contra Israel.

Hamas reprime cualquier disidencia interna con ejecuciones sumarias. Los opositores políticos han sido asesinados o exiliados. Cristianos y judíos han sido expulsados o eliminados; la comunidad cristiana, que eran miles, se ha reducido a casi nada.

La homosexualidad es castigada con la muerte. El racismo es endémico: la carta fundacional de Hamas (1988) cita protocolos antisemitas y niega la existencia de Israel como estado, viéndolo como una entidad «usurpadora» que debe ser destruida. Su teocracia impone leyes basadas en la sharia, donde las mujeres enfrentan prohibiciones absurdas: no pueden viajar sin permiso masculino y son obligadas a vestir de manera opresiva.

Gaza bajo Hamas es un régimen de terror interno, donde la disidencia se paga con la vida y la propaganda antisemita se enseña en escuelas financiadas por la ONU.

En lugar de invertir en educación, salud o infraestructura, Hamas desvió casi todo su presupuesto —cientos de millones de dólares anuales de donantes como Qatar e Irán— hacia la guerra. Túneles subterráneos conocidos sarcásticamente como «el metro de Gaza», se extienden por kilómetros bajo la frontera con Israel, usados para infiltraciones y contrabando de armas. Búnkeres de lujo protegen a líderes como Yahya Sinwar, mientras el pueblo sufre escasez. Cohetes caseros, misiles y municiones absorben recursos que podrían haber construido hospitales o escuelas. Esta obsesión bélica no busca paz, sino la aniquilación de su vecino: la destrucción de Israel es un mandato divino en su ideología.

El 7 de octubre de 2023 marcó el clímax de esta barbarie. Hamas lanzó un ataque contra comunidades israelíes, matando a más de 1.200 personas —civiles, mujeres, niños y ancianos— en un festival de música y kibutz pacíficos. Incluyó torturas sistemáticas: violaciones, decapitaciones y quema de seres humanos vivos. Tomaron 250 rehenes, incluyendo bebés y octogenarios, y los arrastraron a Gaza, donde los usan como escudos humanos en hospitales y escuelas, violando el derecho internacional. Hasta 2025, más de 100 rehenes permanecen en cautiverio, mientras Hamas niega su existencia o los sacrifica en videos propagandísticos.

Más allá de Gaza, Hamas es expansionista. Su visión no se limita a Palestina: cree en una umma global islámica fundamentalista, donde Europa, América, Asia y África deben someterse al Corán y la sharia. Líderes como Ismail Haniyeh han llamado a una jihad mundial, alineándose con Irán en un eje antioccidental. Este fundamentalismo choca con la modernidad, pero encuentra aliados inesperados en la izquierda radical europea y americana.

2.         La Alianza Tóxica: El Neo-Marxismo y la Apología del Terrorismo

El extremismo político neo-marxista —heredero del leninismo, y el «woke» posmoderno— ha forjado una alianza indigna con Hamas. Esta izquierda radical, que odia a Israel y a Estados Unidos como símbolos del «imperialismo occidental», ve en el islamismo radical un aliado táctico contra la «cultura judeo-cristiana». Figuras como Gustavo Petro en Colombia, Maduro en Venezuela, Pablo Iglesias y Pedro Sanchez en España y grupos marxistas globales predican el antisemitismo disfrazado de «antisionismo», justifican el terrorismo como «resistencia» y deslegitiman a Israel en foros internacionales. Esta campaña no es espontánea: es una red de propaganda que socava la democracia liberal en nombre de un «antiimperialismo» selectivo.

Petro ejemplifica esta unión. En 2024, rompió relaciones diplomáticas con Israel y  prohibió las exportaciones de carbón. En septiembre de 2025, tras la intercepción israelí de una flotilla pro-Gaza —donde dos activistas colombianas fueron detenidas temporalmente—, Petro expulsó a toda la misión diplomática israelí y canceló el TLCl, llamando al acto un «crimen internacional» de Netanyahu. En un mitin pro-palestino en Nueva York esa semana, urgió a soldados estadounidenses a desobedecer órdenes de Trump, lo que llevó a la revocación de su visa por «declaraciones incendiarias». Petro compara el sufrimiento palestino con la Pasión de Cristo y acusa a Israel de «genocidio», ignorando el rol de Hamas en la miseria gazatí. En respuesta, Hamas lo elogió efusivamente: «Aplaudimos la decisión del presidente colombiano de expulsar a los miembros de la misión diplomática sionistas… Elogiamos las posiciones del Gobierno colombiano y del presidente Gustavo Petro y sus pasos contra las criminales políticas sionistas». Es un círculo vicioso: Petro defiende a Hamas como «resistencia», y Hamas lo alaba como héroe antiimperialista.

Pablo Iglesias, fundador de Podemos en España y ex-vicepresidente, es otro pilar. Ha llamado a Israel un «país ilegal» y abogó por boicots totales, equiparándolo a un «apartheid». En 2020, moderó un debate televisivo donde se dijo que «las grandes instituciones financieras de Wall Street están en manos de judíos», un tropo antisemita clásico. Podemos, bajo su influencia, ha impulsado mociones en ciudades como Valencia para declararlas «zonas libres de apartheid israelí». Esta retórica justifica el terrorismo de Hamas como «lucha anticolonial», alineándose con el marxismo que ve en el islamismo un «aliado objetivo» contra el capitalismo occidental.

Otras figuras peligrosas incluyen a Ilhan Omar, Rashida Tlaib y Alexandria Ocasio-Cortez (AOC) en EE.UU., quienes minimizan el 7 de octubre como «resistencia» y bloquean resoluciones contra el antisemitismo en el Congreso. En Europa, grupos neo-marxistas defienden a Hamas como «fuerza antiimperialista», mientras el Socialist Workers Party (SWP) en Reino Unido se niega a condenar los crimenes del 7 de octubre. Incluso líderes como Keir Starmer (Reino Unido), Emmanuel Macron (Francia) y Mark Carney (Canadá) han sido «elogiados» por Hamas por presionar a Israel, revelando cómo el progresismo blando se alinea con el terror.

Esta alianza fomenta una campaña global de desprestigio: boicots, protestas antisemitas y negación del Holocausto disfrazada de «antisionismo». El «woke» odia la cultura judeo-cristiana, viendo en Israel su epítome, y usa a Hamas para erosionar Occidente.

3.         La Flotilla por Palestina: Propaganda Financiada por Hamas

La «Global Sumud Flotilla por Palestina» —con activistas como Greta Thunberg y Liam Cunningham a bordo— es un caso paradigmático de propaganda hamasí. Lanzada en 2025 para «romper el bloqueo de Gaza», fue interceptada por Israel en aguas internacionales, deteniendo temporalmente a participantes. Vistos los hechos, la “flotilla”  fue un truco propagandístico de Hamas, ya que las flotillas anteriores (como la de 2010) han sido usadas para infiltrar armas y glorificar el «martirio». Fondos qataríes —principales financistas de Hamas— fluyen a estas iniciativas vía ONGs como la Freedom Flotilla Coalition, que minimiza el rol terrorista de Hamas y acusa a Israel de «genocidio». Videos virales en TikTok y X muestran drones israelíes sobre los barcos, amplificando la narrativa de «agresión sionista» para reclutar simpatizantes woke. Petro la usó para justificar su ruptura con Israel, ganando los elogios de Hamas.

4.         Desenmascarar la Hipocresía

Hamas no es un «movimiento de liberación», sino un cáncer teocrático que oprime a su pueblo y amenaza al mundo. Su alianza con la izquierda radical —de Petro a Iglesias— revela el vacío moral del neo-marxismo: un odio compartido a Occidente que justifica el terror. Mientras Gaza sufre bunkeres para líderes y cohetes para niños, estos «progres» predican desde sus palacios. La solución no es propaganda ni flotillas, sino presión internacional para desmantelar a Hamas y liberar al pueblo palestino. Ignorar esto es complacer al monstruo.

5. Si Vis Pacem, Para Bellum: Si quieres la paz, prepara la guerra

No es un llamado a la beligerancia gratuita, sino una invitación a la vigilancia eterna y la fortaleza inquebrantable frente a amenazas. Israel, consciente de su vulnerabilidad histórica y geográfica, no se permite ingenuidades ni posturas «buenistas» o falsamente pacifistas. Israel sabe que la paz no la regalan; se conquista y se defiende con mano firme. Mientras tanto, sus adversarios —la izquierda radical, Irán y su excrecencia político-militar, Hamás— profesan un odio visceral que busca no solo la aniquilación territorial, sino la erradicación cultural y humana. Su consigna, «Desde el río hasta el mar, Palestina será libre», no es un grito poético de liberación, sino una traducción cruda y drástica: ni un centímetro de territorio para el pueblo israelí, o peor aún, muerte a los judíos. Esta retórica, arraigada en el rechazo absoluto al derecho de existencia de Israel, no deja espacio para el diálogo; es un manifiesto de genocidio disfrazado de justicia.

La preparación israelí no es paranoia; es pragmatismo histórico. Si la paz se desea, debe construirse sobre cimientos de disuasión, no sobre ilusiones de appeasement que históricamente han llevado a catástrofes.

6. La Determinación Israelí: Más de Dos Años de Lucha por los Rehenes y la Desarticulación de Hamás

Desde el brutal ataque de Hamás el 7 de octubre de 2023, Israel ha desplegado una campaña para rescatar a sus ciudadanos y desmantelar el régimen terrorista en Gaza. Han transcurrido más de dos años de operaciones militares intensas, marcadas por una combinación de raids precisos, inteligencia avanzada y presiones diplomáticas, todo ello en medio de un conflicto asimétrico donde Hamás usa civiles como escudos humanos. Hasta agosto de 2025, Israel ha logrado el retorno vivo de 148 rehenes: 105 liberados durante el cese al fuego de noviembre de 2023, y otros a través de operaciones de rescate audaces, como raids en túneles subterráneos que han expuesto la red de terror hamasí. Sin embargo, 48 rehenes permanecen en cautiverio, con alrededor de 20 presuntamente fallecidos, víctimas de las condiciones inhumanas impuestas por sus secuestradores. Esta lucha no ha sido solo militar: Israel ha destruido sistemáticamenteamente la infraestructura de Hamás, tanto sobre como bajo tierra, incluyendo hospitales y escuelas usados como bases operativas, lo que ha debilitado su control sobre Gaza y forzado a sus líderes a esconderse o huir.

El presidente Trump ha propuesto un plan de 20 puntos para poner fin al conflicto: la liberación inmediata de todos los rehenes restantes a cambio de 250 prisioneros palestinos con cadena perpetua y 1.700 detenidos desde el inicio de la guerra, un cese al fuego supervisado, la destrucción total de la infraestructura de Hamás con monitores independientes, y la salida definitiva de Hamás del poder en Gaza. Israel aceptó de inmediato el plan. Hamas hace cálculos, porque a Hamas le importan un comino la paz y la vida.