Zapatero a tus zapatos

Zapatero a tus zapatos

José Luis Rodríguez Zapatero se ha degradado hasta el punto de convertirse en el pregonero internacional de una de las peores dictaduras de nuestro tiempo. El que un día fue presidente del Gobierno español hoy no es más que el bufón de Nicolás Maduro, un emisario servil que pone su nombre al servicio de la narcodictadura venezolana. Su presencia en Caracas ya no sorprende a nadie: es parte fundamental del régimen, un peón de lujo que, disfrazado de mediador, legitima crímenes, el tráfico de drogas, elecciones fraudulentas y la devastación de un país entero.

Zapatero ha hecho de la defensa del chavismo un oficio rentable. No hay otra forma de explicar el súbito ensanchamiento de su patrimonio. La reciente compra de una mansión de dos millones de euros en las afueras de Madrid es la prueba más obscena de que el hombre que, con tono impostado habla de libertad y de democracia, encontró en la miseria ajena su negocio personal. Porque lo cierto es que, con los ingresos propios de un expresidente, jamás podría justificar semejante operación. En España ya se preguntan, con toda razón, de dónde sale el dinero que financia su vida principesca. La respuesta es tan evidente como escandalosa: de Caracas.

Pero Zapatero no solo se arrodilla ante Maduro. En la política española, se ha convertido en el engranaje que mantiene en pie al corrupto gobierno de Pedro Sánchez. Es el pivote que conecta a La Moncloa con las cloacas chavistas; el intermediario que trae la podredumbre de América Latina para oxigenar un socialismo agotado y oportunista. Su papel es tan repulsivo como decisivo: sin Zapatero, Sánchez estaría aún más desnudo ante la opinión pública y más débil frente a sus socios separatistas y de extrema izquierda.

Lo que Estados Unidos evalúa —prohibirle la entrada a su territorio— es más que un gesto diplomático: es una condena moral. Washington ve en Zapatero lo que los socialistas españoles se niegan a reconocer: un hombre que se presta a ser la voz de una satrapía narcocriminal. Un exmandatario que, en vez de preservar la dignidad de su cargo, se arrastra por los pasillos del poder bolivariano como un propagandista barato. Y si finalmente le cierran las puertas en los Estados Unidos, será un mensaje contundente: quien se convierte en cómplice de dictadores termina marcado, aunque haya sido jefe de gobierno de una democracia.

Zapatero ha destruido lo poco que quedaba de su reputación. Ya no es recordado únicamente como el político torpe que dividió a España con leyes improvisadas, sino como el lacayo de un tirano extranjero. Su legado es la ruina moral de su propia figura: de presidente a testaferro político, de estadista a animador de genocidas. No hay reforma, discurso ni cumbre que pueda borrar esa imagen. Cuando se escriba la historia, aparecerá no en el capítulo de los grandes hombres, sino en la lista de los indignos que hicieron del servilismo una carrera lucrativa.

“Zapatero, a tus zapatos” es un proverbio que hoy suena como epitafio. Se le advirtió que su tiempo había pasado, que lo propio de un expresidente era la discreción y el retiro honorable. Pero eligió otro camino: ser vocero de un criminal y sostén de un gobierno podrido en España. Su nombre ya no pertenece a la galería de la política, sino al registro infame de los cómplices.

@IrreverentesCol

Publicado: septiembre 11 de 2025