Petro: Camarada guerrillero y presidente chavista

Petro: Camarada guerrillero y presidente chavista

¿Crítica Presidencial o Reproche Ideológico?

En un extenso tuit respondiendo a una publicación de La Silla Vacía sobre la negación del ELN en el asesinato del senador Miguel Uribe, el presidente Petro aclara su posición, acusa a la Segunda Marquetalia de posibles vínculos con el crimen y critica tanto al ELN como a este grupo disidente de las FARC por su inmersión en economías ilícitas como el narcotráfico.

Petro extendió su análisis a temas regionales, incluyendo el rol de Venezuela, mafias internacionales, la extrema derecha y referencias ideológicas como el marxismo, proponiendo una cooperación binacional para expulsar a estos grupos de ambos territorios. Su tono revela una perspectiva ambigua: como exmilitante del M-19, Petro suena más como un «camarada» decepcionado que reprocha a antiguos aliados por desviarse de la «revolución verdadera», en lugar de actuar como jefe de Estado que lidera un combate frontal y sin excusas contra organizaciones terroristas y, en particular, contra el narcotráfico.

Las ideas fuerza del análisis se centran en esta dualidad: Petro defiende no haber acusado al ELN directamente, basándose en indicios que apuntan a la Segunda Marquetalia, y describe a ambos grupos como «oposición armada» inmersa en guerras internas por control de rutas ilícitas en Colombia y Venezuela. Critica su «degeneración» hacia sobornos y negocios criminales, minimizando su amenaza armada y acusándolos de olvidar principios marxistas y de Camilo Torres, que originalmente justificaron su alzamiento en armas —incluyendo el del propio Petro en su juventud.

En su delirio por mantener la confianza con sus colegas del Foro de Sao paulo, propone alianzas con Venezuela para golpearlos, elogiando logros conjuntos con Maduro, pero ignora las acusaciones de la justicia estadounidense que señalan a Maduro como líder del Cartel de los Soles, donde ELN y Segunda Marquetalia operan como sus brazos logísticos en el narcotráfico. La red se vuelve más peligrosa si se tiene en cuenta que Maduro y el narcotráfico financian a Hezbolá mediante rutas venezolanas. Asó lo aseguran la DEA y la justicia americana.

Además, Petro desvía culpas a la «extrema derecha», polarizando ideológicamente en vez de unir esfuerzos contra el crimen. Incluso habla de una posible invasión estadounidense a Venezuela que, según él, beneficiaría a estos grupos, evocando caos como en Libia o Siria.

En esencia, el tuit de Petro es un mal ensayo ideológico que lamenta la «destrucción de revoluciones» por las mafias, proponiendo una imposible inteligencia policial global —incluyendo a Venezuela y el mundo árabe— para erradicarlas. Petro no habla de acciones militares decisivas y trata a los grupos armados como interlocutores válidos o «desviados» ideológicos, no como enemigos irreconciliables. Esto contrasta con su rol presidencial: en lugar de declarar guerra total y reconocer que el marxismo catalizó su violencia inicial, Petro revela sesgos de su pasado guerrillero, haciendo absurda su expectativa de que Venezuela actúe contra extensiones de su propio cartel, en una dinámica que beneficia redes transnacionales de narcotráfico y terrorismo.