Una campaña plebiscitaria por Uribe

Una campaña plebiscitaria por Uribe

Las circunstancias lo exigen. No es tiempo de ambigüedades ni de cálculos tibios. El Centro Democrático está ante una encrucijada histórica: o se convierte en instrumento de una gran movilización política que revalide ante las urnas la figura y el legado de Álvaro Uribe Vélez, o cae en la irrelevancia de los partidos que se apagan cuando más se los necesita.

La injusta condena contra Uribe, dictada por una justicia politizada y complaciente con el régimen, no puede ser asumida como un revés judicial cualquiera. Se trata de un acto de persecución ideológica, una revancha contra el hombre que derrotó al terrorismo y que aún encarna, con todas sus fuerzas, la defensa del orden, la democracia y la seguridad en Colombia. El hombre que le devolvió la libertad a su pueblo.

Frente a semejante atropello, no basta con comunicados ni con palabras dolidas. Se impone una respuesta política de fondo. Y esa respuesta solo puede ser una: que el uribismo se lance a las elecciones de 2026 con un objetivo claro, sin eufemismos ni vergüenza: que cada voto al Centro Democrático sea un voto de respaldo a Uribe, una protesta contra el aparato judicial corrupto, una declaración pública de que el pueblo colombiano no se arrodilla ante las cloacas del régimen socialcomunista ni ante la sed de venganza de los portaestandartes del terrorismo. 

Una campaña plebiscitaria en torno a Uribe no es apenas un gesto simbólico: es una necesidad táctica, estratégica y moral. Es la forma de transformar la indignación en acción. Es la vía para devolverle a Uribe algo del respaldo que tantas veces dio a Colombia. Es, además, un mensaje claro a quienes creen que encarcelándolo se anula su influencia: se equivocan. La voz de Uribe no se acallará, pero esta debe ser amplificada por millones de colombianos a través del voto.

Edmund Burke lo dijo con lucidez y severidad: «El único requisito para que el mal triunfe es que los hombres buenos no hagan nada». El uribismo no puede permitirse otra pasividad. Ya bastante costó la cobardía del gobierno anterior.

La estrategia no puede seguir siendo la moderación aséptica, ni el marketing político de tonos neutros. Lo que está en juego es mucho más: es la honra de Uribe, la legitimidad de una causa, el futuro de una corriente política que ha sido el último dique ante la barbarie populista. El Centro Democrático tiene que convertirse en un estandarte de resistencia.

Una campaña plebiscitaria implica asumir riesgos. Habrá ataques, burlas, manipulaciones. Pero también habrá una claridad política que hoy se echa de menos. Es tiempo de convocar a los colombianos con un mensaje sin rodeos: «Uribe no está solo. Y cada voto por nosotros es un acto de justicia».

Ese debe ser el núcleo de la estrategia: canalizar el repudio ciudadano al atropello judicial, hacer pedagogía sobre la verdad del caso, desmentir a los mercaderes del odio que han hecho de la mentira un oficio lucrativo y, sobre todo, mostrar que Uribe no es un expediente judicial: es una idea. Una idea de país, de decencia, de lucha sin descanso por la libertad.

Desde ya, las bases deben activarse. Las juventudes deben salir a las calles, las regiones deben organizarse, y cada líder local del uribismo tiene que asumir la tarea de convertir su candidatura en un acto de desagravio a quien entregó su vida por Colombia. Los dirigentes deben entender que esta elección no es solo sobre curules: es sobre la memoria, la verdad y la historia.

Uribe dio todas las batallas que otros no quisieron dar. Derrotó a las Farc, protegió a los ciudadanos, defendió la empresa privada y nunca huyó al debate. Hoy, la persecución lo ha convertido en mártir de una causa mayor. Y corresponde a quienes aún creen en esa causa, levantar su nombre no como un lamento, sino como una bandera.

Porque si el Centro Democrático se atreve a hacerlo, si convierte su campaña en una gran defensa del expresidente, no solo honrará a su fundador: habrá cumplido con Colombia. Y habrá demostrado que, aún en medio de la injusticia, la lealtad sigue siendo una virtud política.

@IrreverentesCol

Publicado: julio 30 de 2025