Para olvidar a Petro

Para olvidar a Petro

Una de las mayores motivaciones que se puedan tener para remplazar a Petro Orrego en la conducción del gobierno colombiano, es que quien logre acceder a la Primera Magistratura tiene una oportunidad de oro para pasar a la Historia como uno de los mejores gobernantes que haya tenido el país. Esto por simple comparación; por contrastar los resultados de un gobierno  disparatado y rabioso con los de uno juicioso, sensato y prudente. Es más, es que bastaría con hacer todo lo contrario a lo que ha hecho Petro para obtener unos resultados como para enmarcar. Veamos unos ejemplos.

En materia de salud, en vez de matar gente provocando una crisis manifiesta (el llamado chu-chu-chu) que ha llevado a la quiebra a las EPS, un mandatario que no tenga un trauma mental contra la propiedad privada trabajaría de la mano con las prestadoras de salud ayudándoles a alcanzar unos índices de calidad jamás vistos. No se pasaría por la faja la orden de la Corte Constitucional de incrementar el ajuste de la UPC para 2025. No se inventaría el cuento del acaparamiento de drogas para la diabetes por parte de Audifarma, amparándose en fotografías de otros medicamentos. No mentiría en el Consejo de Ministros sobre el cubrimiento universal en salud poniéndolo en duda al presentar un cuadro que aludía a cerca de un 60% de afiliados a las EPS que controla el Gobierno, cuando el resto está en las que no controla.

En cuanto al empleo, el Presidente que remplace a Petro debería dejar de ver al Estado como una agencia burocrática y clientelista que paga favores (el voto) al viejo estilo de dar puestos de trabajo de esos en los que se cobra pero no se hace nada. El gobierno de Petro otorgó solo el año anterior 703.000 contratos de esos que pueden justificarse fácilmente (asesorías, consultorías, consejerías, revisorías y mil etcéteras) pero no tienen, en realidad, ninguna finalidad. Casi diez veces lo que otros gobiernos contrataban en un año, con el agravante de que la mayoría de los contratados por la administración Petro son personas incompetentes que no cumplen los requisitos para el puesto. Verbigracia, dos personajillos que acaban de  sentar sus posaderas en la  junta directiva de Ecopetrol: el papá de la siniestra exministra Irene Vélez y un tío de la cornuda Verónica Alcocer, exprimera dama de la nación.

Es que habiendo tanta gente preparada, el solo hecho de nombrar en el servicio exterior a gente capacitada y decente marcaría un antes y un después entre el desastre de la administración petrista y un gobierno de sacar pecho.

Por otro lado, hay entuertos muy fáciles de arreglar. En Ecopetrol, por ejemplo, se pone un presidente decente, se cambia toda la Junta y se da la orden de volver a promover activamente la exploración de pozos de petróleo y gas para que al día siguiente se dispare la acción y la producción de hidrocarburos alcance niveles nunca vistos. Con las regalías de la petrolera se hace política social, así que el beneficio es para todos, máxime que como país contaminante no contamos para nada. El virus de la vida no dejará de esparcirse por las estrellas.

Otro ejemplo es RTVC. La televisión pública no puede estar en manos de una caterva de izquierda, aunque su rating sea nulo. Menos en manos de un gerente como Hollman Morris, denunciado hasta por maltrato de mujeres. Ese canalcito se podría cerrar del todo porque de nada sirve, pero también podría ponerse en manos de personas competentes con la orden de hacer un periodismo ético, objetivo e independiente y no como el de ese mamarracho que aseguró que la ‘cultura Metro’ que enorgullece tanto a Medellín es producto de órdenes de la criminal ‘oficina de Envigado’; mejor dicho, que si un usuario no se comporta bien en el Metro, lo matan. Esa es la interpretación que se inventó un canalla que se dice ‘periodista’ y vive de nuestro bolsillo.

En materia de orden público, el sucesor de Petro tiene una ocasión pulpita para ganar puntos por una gestión provechosa para toda la ciudadanía. Su objetivo tiene que ser el de restablecer el imperio de la ley. No más diálogo con criminales, no más cuenticos como la ‘paz total’ que iba a desmovilizar al ELN en tres meses, no más largueza con los cultivos de coca ni con la minería ilegal. Hay que recuperar la operatividad de las FF. MM. y darles todas las herramientas para su accionar. Durante el gobierno de Uribe se demostró que las guerrillas —y cualquier otro grupo ilegal— se pueden derrotar cuando hay voluntad política. Es decir, hay que hacer todo lo contrario a lo que ha hecho el señor Petro.

El próximo será un gran presidente si deja de pasear; si atiende sus compromisos con puntualidad inglesa; si prescinde de ‘agendas privadas’ dedicadas al consumo de licor y drogas, y a encuentros íntimos extramatrimoniales; si en vez de crear burocracia adelgaza el Estado al mínimo; si estimula el emprendimiento y apoya a los empresarios en vez de estar satanizándolos; si baja los impuestos y deja de exprimirle los bolsillos a la gente; si se rodea de un equipo técnico que pueda empujar en la dirección correcta y no de una horda de bandidos dedicados al saqueo de lo público.

Todo lo que ha hecho Petro hay que deshacerlo porque con él no se avanzó en nada; todo ha sido un retroceso, un plan de demolición. El programa de gobierno de la próxima administración ya está escrito, consiste en hacer todo lo contrario a lo que se ha hecho en el desgobierno del cambio.

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