Se conmemora el decimoquinto aniversario del ataque terrorista de las Farc contra el club El Nogal, atentado que cobró la vida de 36 personas y se estimó en más de 200 el número de heridos.

Cuando la bomba estalló, el club estaba lleno de personas. Una fiesta infantil se desarrollaba en el sitio donde la onda explosiva fue más destructiva.

Desde el primer instante, los organismos nacionales e internacionales de inteligencia apuntaron su mirada hacia la banda terrorista de las Farc, estructura que a través de sus redes urbanas –que comandaba el futuro senador alias Carlos Antonio Lozada- tenía la capacidad de llevar a cabo una acción de esa magnitud.

A lo largo de los años, las Farc a través de sus voceros han tratado de justificar el feroz ataque contra un club civil en una zona residencial de la capital colombiana. Uno de los validadores del crimen, un periodista sueco íntimamente ligado con la guerrilla, llegó al extremo inaudito de aseverar que en los computadores de El Nogal, estaba hospedada la página de Internet de las desparecidas Autodefensas Unidas de Colombia, AUC.

Imagen del estacionamiento del club, luego de la explosión

Así mismo, se alegó que en ese club, el “paramilitarismo” sostenía reuniones. Se difundió el mito de que Salvatore Mancuso se hospedaba en dicho lugar cuando viajaba a Bogotá.

Desde el primer momento, las Farc se han dado a la tarea de recrear la falsa imagen de que El Nogal era un lugar al servicio de los paramilitares.

La falacia, repetida insaciablemente, halló eco en algunos oídos proclives a justificar los actos de ferocidad y barbarie cometidos por la guerrilla terrorista.

Lo cierto es que ni El Nogal era o es un club aliado de los paramilitares y mucho menos ninguna de las 36 personas que fueron asesinadas hacían parte de las AUC. En esa bomba, todos los que perdieron la vida eran personas inocentes. Lo trágico es que aquellos que planificaron, financiaron y ordenaron ese violento crimen no van a pagar un minuto de cárcel. Serán perdonados y como “castigo” terminarán ocupando curules en el Congreso de la República, desde las que, increíblemente, harán las leyes que regirán a sus víctimas.

Hoy, los familiares y amigos de las 36 personas que perdieron su vida en ese acto terrorista, lloran su tragedia. Los responsables están en la calle, caminando libremente. Al menos, a las víctimas supérstites les queda la tranquilidad de que la sociedad colombiana, en un acto de verdadero heroísmo, se ha dado a la tarea de expresarse públicamente en contra de los jefes de las Farc que hoy posan de dirigentes políticos.

Primero fue en Armenia, Pereira y Florencia. Luego en Cali y seguramente así seguirá siendo en distintas ciudades de Colombia. A donde llegue alias Timochenko o alguno de sus secuaces, serán recibidos por el pueblo con rechiflas, arengas y, como sucedió en la capital vallecaucana, con huevos.

La sociedad colombiana merece justicia. Los 50 años de terror generado por las Farc dejaron profundas huellas en el alma de la República y éstas no se reparan con la impunidad. Ahora se conmemora el aniversario 15 de la bomba de El Nogal, pero día a día en cualquier punto de la geografía colombiana se estará rindiendo homenaje en memoria de las víctimas de alguna acción terrorista perpetrada por las Farc.

@IrreverentesCol

Publicado: febrero 8 de 2018